Nunca me darán una beca

Al parecer el gobierno nuca me dará una beca
Porque parece que nunca escribo sobre nada profundo
Es que no se dan cuenta que poemizo de cómo nos está llevando la verga
Y del mundo contaminado
de la precontigencia de la ciudad de México
por pirotecnia y un inciendio en noche buena.
Porque hablo de relaciones efímeras de las que después de 3 noches no las recuerdo.
Que duran apenas 3 meses.
Porque hablo con palabras que los de secundaria entienden
Ni las rimo.
Y las pongo todas juntas
Aunque después le de un chingo de enters para que parezca un poema.
Y las publiqué en Facebook para sentirme leída por alguien que no es un comité con la decisión inapelable de que nunca me darán esa beca.
Porque no escribo sobre cómo mejorar el mundo
si no,
mi tema favorito
es escribir sobre cómo me destruyo contigo.
Es que tampoco se dan cuenta que para construir tenemos que destruir lo que está de la mierda
Y tú y yo estamos de la mierda.
Al menos eso nos quieren hacer creer todos los que nos observan
Que fumar mota está mal
que tener sexo en lugares prohibidos es irrespetuoso
Y hablamos sobre temas que nos hemos jurado no conversar con nadie más
Porque no entenderían
Como estos pinches poemas
Como ese comité inapelable
Que tiene espacio solo para la hermosa poesía antigua
Y no para creaciones que hablen acerca de que el Gobierno nunca me dará una beca
Porque por lo menos Gerardo Arana estaba esperanzado
y aún así se suicidó a los 25 años.
Aquí no veo posibilidades porque me siento miserable
¿Quién dijo que debo escribir poemas?
Mi sueño es que se los dediquen,
sin metáforas
Literalmente.
¿Pero así quién los leerá?
El gobierna nunca me dará una beca
Porque no escribo como sobre cosas profundas
Sobre la existencia
Yo solo quiero hablar de vaginas profundas y penes luminosos que convierten energía en gemidos
y en amor.
Porque me caga el gobierno y me caga Peña Nieto
porque me caga el diputado que robó 600 televisiones digitales
porque aún no me pasa el estacionamiento en el cerro del fortín
y porque el millonario capricho charro de Chiapas se ve peor con Anahí.
Porque me voy a moteles de paso donde 6 horas cuestan 350 para vivir experiencias y enamorarme en cada metida y poder escribir que el gobierno jamás me dará una beca.
Y me pongo a llorar porque me da coraje no poder escribir como aquellos a quienes sí les dan
la beca.
¿Por qué soy tan tonta y no entendió esas palabras rebuscadas que ponen?
Ellos leen a no sé quién y yo sólo me la paso tratando de entender.
Porque no me gustan las fiestas.
ni la Navidad y me caga el pinche América.
Y ojalá que juegue de nuevo contra la UNAM
Para que sea un duelo de ideologías
Por un lado la autonomía
y por otro,
la cruda mass media de mierda liderada por Azcárraga.
Porque mi lenguaje es muy infantil
Porque todos esos prejuicios y estereotipos me joden la existencia.
No es cierto.
No me joden nada.
Pero me caga que el gobierno jamás me vaya a dar una beca.
Porque solo hablo de relaciones fracasadas.
Y me quejo de todo
Y me chocan los foquitos de Navidad
Y me enamoro pronto
Y me dan ganas de escribir poemas de todo lo que me gusta y molesta.
Y porque no pude ir al taller de poesía de Jorge Esquinca
ni a otros que son durante mi semestre de escuela
porque me obligan a ir a clases y hacer tareas para poder tener un título de universitaria que al final,
dicen,
no importa nada.
Pero ¿De qué voy a vivir si el gobierno jamás me dará una beca?
Igual y me manda a una fosa clandestina solo por querer un financiamiento para poder publicar una antología.

Escaleta

“Escaleta. Escaleta.”
Me repites y sonríes.
“Escaleta” escucho de nuevo.
Al ponente le gusta distraerme,
luego te veo cruzar la puerta.
Volteas
me mandas un beso.
Y la cierras.

Me quedo pensando “escaleta”
¿Qué tiene la escaleta?
Herramienta que transporta acontecimientos concretos.
Sí, sí, eso dijo.
Columnas visibles de la estructura
De los pensamientos.
¿Escaleta?
Porque me diría “escaleta”?
La escaleta trasciende tiempo y espacio.
Esa palabra me resuena
Y me acuerdo de tus labios
“Escaleta”.
El maestro me distrae otra vez.

INT. Capilla. Día
El hombre está sentado junto a mí. Su vista me recorre y toca lentamente mi brazo. Desde el hombro hasta la mano acaricia.
Escaleta

Mira qué escaleta.
Somos personajes de la película que tiene en rodaje.

Después

Tu amor es un tuit de hace 10 minutos
Un estado de Facebook que pusiste ayer
Una fotografía en instagram de hace dos semanas
Un WhatsApp de antes de ayer.

La inmediatez.

En el presente no existes.
No es lo tuyo dejarme en visto
Ni siquiera lo ves.
No te complicas nada la vida.
Eres estable, prudente, estático,
Dejas los altibajos emocionales a un lado.

Te gusta recibir las notificaciones de siempre.
Aburrido me pareces.
Ahora
y después.
No vives lo que dices vivir.
Te encierras en una persona muy poco vividora.
Creo.
Otra simple igual que tú.

Tu pensamiento aparenta ser libre
pero son ordinariedades de cada año.
aparentas,
dices
ser otra cosa.

En realidad te gusta lo seguro
Lo cotidiano
Lo que vienes viviendo desde hace años.
Los likes de siempre
Las palabras de siempre
Los lugares de siempre
Viajes de cada año a lugares de siempre
Fechas celebrando lo mismo de siempre
Con fotos donde posan exactamente igual
Con los mismos de siempre
Con los comentarios de siempre
Aburridos
De nuevo
habituales
Ordinarios
Cuadrados
Jurando lo mismo de siempre
Haciendo promesas de siempre.

Relato No. 3 de la serie Oaxaca de Mezcal

Amantes

Por: Cristal Enríquez

Las redes sociales pueden ser causantes de quiebres atómicos dentro de los diferentes tipos de amor: el eros, del flila y hasta del ágape. Publicaciones en facebook, instagram, snapchat o tuiter con las que se arman revoluciones virtuales entre personas que no comparte opinión sobre un tema. La era posmoderna pone flujos de información impresionantes por la red y uno de esos millones de bites llega hasta nuestras pantallas para dar paso a historias. Un día cualquiera entrada la noche, le di refresh y scroll al inicio de Facebook para ver todas las cosas que mis contactos, por no decir “amigos”, publicaron.

Resulta que compartido estaba una frase que dice “Morras que se sienten muy chingonas porque fuman mota y se ponen pedas, ustedes no van a ser esposa de nadie, a lo mucho van a ser amantes.” Me reservo mis comentarios sobre los vicios que a veces pueden emerger cuando, principalmente, se es joven, porque bueno, la salud es importante.

Sin embargo, lo que más ruido me causa y me resuena cada día en la cabeza desde que vi esa publicación es “…a lo mucho van a ser amantes”. Como si ser amantes fuera algo insignificante. Alguna vez en una clase un maestro, sociólogo, nos dijo “Los amantes se aman” así a secas.

Al contrario de Sartre, los cafés son anormales, algo de especial tienen, la gente desconocida entra cada 2 minutos, decenas de historias que se cuentan en conversaciones llenas de murmullos y que no permiten lagunas de silencio, donde la atención selectiva del cerebro cumple plenamente su función de ignorar y focalizar los estímulos del ambiente, donde el café brújula de Santo Domingo concretó la fantasía retórica y pictórica en la app instagram para los smartphones.

6:45 La gente en el andador turístico poco a poco llenó espacios vacíos. Las calendas resonaron en las calles paralelas y perpendiculares y el turismo se ve como una gama de colores y facciones. Tarde para ir a la proyección y desde una cuadra antes, en 5 de mayo esquina con Morelos observé la fila hasta la esquina posterior. Me alarmé, quizás ya no encontraría de los que dicen son un buen lugar, me refiero a los asientos desde la fila H hasta más atrás.

Llegué a la puerta principal coronada desde el año 1909 por un arco peraltado de cantera verde a costa de empujones y miradas largas. Gente lamentándose por no haber entrado pronunciaba frases como “Yo conozco al director”, “No, ya no dejan pasar. Solo con boleto”, “Háblale a Tania a ver si nos da chance”.

18:55. En el lujoso vestíbulo destacado por su estilo francés, tipo Luis XV sólo quedaron 5 personas distribuidas equitativamente alrededor de la escalinata de mármol blanco que da hacia el área de asientos y palcos. Toda la demás masa de gente yacía en el interior del teatro, en las filas del abecedario B, C, D, E, F, G, H, I, J, K… al final de la escalera los recepcionistas siguieron el protocolo como en cada función: revisaron bolsas, revisaron el boleto, por fortuna en el mío estaba escrito “cortesía”.

Para pasar al área de butacas se atraviesa una cortina que más bien parece una caricia aislante del sonido en los que vivimos ahora, de los claxons, de las mentada de madre, de toda la contaminación auditiva y visual de Oaxaca.

Esa tela que tocas y te adentra, te separa de un mundo para adentrarte a otro mucho más romántico. Y al momento del cerebro percibir por medio del ojo la luz amarilla que emana de las lámparas redondas te sumerges en el papel de espectador e invitado de honor.

Todas las personas bien iluminadas, sin ninguna sombra que oculte algo, todas al descubierto. Los rostros contrastan con los rojos asientos y el telón principal. Parece un atardecer, dorado con pinceladas rojas. Un propio ocaso dentro. Una particularidad que solo los que estamos dentro experimentamos y que envuelve a lo que mi campo visual llega a ver, a muchas personas sentadas.

Recorrí ese pasillo cabizbajo para sentarme en la única fila en la que hubo lugar, la fila A. Ahí donde no existen distracciones delanteras en medio de la proyección que hagan perderse un segundo, como gente que se la pase checando redes sociales o contestando mensajería instantánea y el brillo obligue a tu vista a voltear por mera curiosidad y rompa toda la armonía teatral.

Hasta delante también se tiene otra ventaja, la cabeza queda en una posición reconfortante, la nuca reposa en el acojinado respaldo rojo, además de que eres quién más cerca está de los presentadores. Entonces te notan, te ven si haces un movimiento impertinente, te notan si les das una mirada larga.

Un 18 de septiembre y el aroma espabilador se percibió hacia fuera del teatro. El documental “Café” fue la segunda proyección en la semana de cine mexicano organizado por Oaxaca Cine.

Media hora después me encontré en una pequeña recepción sin conocer a nadie y a unos 15 metros alguien observaba detenida e insistentemente la cartelera de ese mes. Su rostro se me quedó muy grabado: facciones fuertes, cabello ondulado despeinado y un bigote largo. Alto. “Esa mirada de loco” así se refiere a sí mismo al acordarse de la escena.

Estaba por comenzar la tercera película del 4º aniversario de Oaxaca Cine. El teatro abarrotado. Una cámara fija enfrente, quizás grabó time lapse, y música que ambienta aunque en realidad parece el tic tac de un reloj que marca los segundos para el comienzo de “Carmín Tropical”.

Pop del micrófono, murmullos y risitas muy lejanos que hasta ese momento fueron desconocidos y confusos para la audiencia. Se pudo observar en sus rostros, hicieron muecas. Y de repente, de golpe, sin avisar, salen tras bambalinas Isabel Rojas directora de Oaxaca Cine, José Pescina protagonista en la película y Rigoberto PérezCano director y guionista. Ella dio las buenas noches, la bienvenida a la proyección de Carmín Tropical, película ganadora del festival de cine de Morelia como mejor largometraje Mexicano, multinominada y ganadora del Ariel a Mejor Guión, invitaciones a una docena de festivales internacionales y comprada por National Geographic y HBO.

A mis espaldas los aplausos resonaron hasta chocar con las puertas de los palcos. Y por fin empieza. Ésta película es la historia de un regreso, el de Mabel a su pueblo de origen para hallar al asesino de su amiga Daniela. Un viaje por la nostalgia, el amor y la traición en un lugar donde el travestismo cobró en su día una inusual dimensión. Ésta es la trama, un thriller policiaco que contó con la colaboración de las intrépidas buscadoras del peligro, grupo de Muxes original de la región de Juchitan en Oaxaca.

PérezCano, originario de Zaachila, cuenta que a los 20 años se dio cuenta que podía estudiar algo que se llama cine y abandonó la escuela de derecho para estudiar en el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC) en 1995.

Su papá no lo apoyó, llegó a refutarle que no podría entrar por la cantidad tan limitada que tienen de alumnos de nuevo ingreso pero aún así lo logró y al tercer año abandonó la universidad para dedicarse de lleno a producir, porque para él “Es más importante la práctica”.

Ahora, a sus 38 años tiene 2 películas reconocidas internacionalmente por críticos, cineastas, medios de comunicación y público. Sus hijos les dice.

Norteado le abrió puertas a Carmín tropical, las dos tienen algo árido y ríspido, no se sabe qué se está viendo, y al hablar de género cinematográfico y de género en sexualidad, tampoco se sabe y da un descontrol en la película misma al no saber si, Mabel, la protagonista, es un hombre o una mujer. Ya que lo más importante para Rigoberto es insinuar y no decir literalmente las cosas.

—Me encanta mover el tapete de la vida. Así aprendo. — Dice.
La película comienza. Acaba.

Las redes sociales aparecen otra vez, Instagram principalmente, una hibridación entre cafés e internet. El Brújula subió una foto titulada “Él sí sabe tomar café”, apareció en mi inicio. En fin. Por eso la referencio a Sartre, a La Náusea, “En los cafés todo es anormal”. Y después de la mirada larga, profunda y constante apareció en ese flujo de información en la pantalla del Smartphone la foto de Rigoberto PérezCano. Amante de la perversión de Balthus, referencia para alguno de los proyectos que quiere emprender más adelante, tomando sus obras de arte como inspiración para la luz no solo de un encuadre sino de una película entera.

—¿Te imaginas? — Exclama.

El director es fuerte en su lenguaje, se la pasa midiendo y cazando diálogos que flotan alrededor. Parece que todo lo analiza, observa encuadres, planos, luces y sombras en cualquier momento. Su lugar favorito en cualquier lado es una esquina, desde donde pueda observar todo lo que acontece.

Personajes

Rigoberto: director y guionista de Carmín Tropical.

Isabel: Dirección de Oaxaca cine.

José Pescina: Actor. Interpreta a Mabel.

Sharon: Daniela, reina muxe de Juchitán.

 

INT. Teatro. Noche.
Se observa la última escena de Carmín Tropical. La gente aplaude y se escuchan expresiones como “Bravo”, “Excelente”. Las luces se prenden y en el escenario aparecen Isabel, Rigoberto, José Pescina y Sharon.

ISABEL: Muchísimas gracias, Ojalá les haya gustado. A continuación abrimos un diálogo con la producción. ¿Alguien tiene preguntas?

Un brazo se levanta en medio de la luneta, le pasan el micrófono y se escucha una voz de un hombre maduro.

HOMBRE 1: Buenas noches Rigoberto y compañía, primeramente felicitarlos por tan excelente película y quizás ya estás cansado de escuchar ésta pregunta pero ¿Por qué el nombre? Tengo una teoría: Carmín por el rojo de la sangre derramada y tropical porque el Istmo tiene un clima tropical. ¿Le atine?

Rigoberto sonríe, aprieta los labios y dice:

RIGOBERTO: Gracias por ver la película y por venir. Respecto a la pregunta: más o menos. Carmín porque así le dicen al labial en Juchitan. “Pásate el carmín”. Y tropical porque efectivamente, el clima es tropical.

Isabel señala al fondo y casi todos los asistentes voltean. Alguien pregunta

HOMBRE2: Hola a todos, buenas noches. A mí me da mucha curiosidad saber de tus próximos proyectos ¿Cuál es tu próximo largometraje?
RIGOBERTO: Por parte de la trilogía oaxaqueña que quiero hacer, es una historia que se desarrolla entre Puebla y Oaxaca y bueno, le cambié el nombre porque no terminó de convencerme, ahora se llama: “Los amantes se despiden con la mirada”.

 

Porque para Rigoberto “…a lo mucho van a ser amantes.” No es algo insignificante.