Combustión

No sabía por dónde comenzar. Me dijeron que «entrando luego luego a la derecha. Hasta el tope y luego a la izquierda. Caminas, y cuando más o menos creas que estás a la mitad te paras y desde ahí verás un cráneo negro. Ahí es.», pero no tomaron en cuenta que ya existen dos entradas y yo tampoco pregunté, supuse sería fácil.

«Entrando luego luego a la derecha» de la puerta más antigua, había un montículo de flores secas que olían a un podrido húmedo. Junto a ello, a escasos pasos, el grupo musical que tenía escrito en una lona enorme “La perrona banda Santa María”, misma que no dejaba escuchar nada más que los pensamientos gritados por el propio subconsciente; enseguida una mesa llena de botellas de cerveza y mezcal, algunas aún a la mitad.

 

[Las velas prendidas a esa hora deben de invocar algo.]

 

Un grupo de gente bailaba en un pequeño espacio pavimentado, no se veían, no sonreían, sus rostros no tenían expresión. Sólo bailaban. Indiferentes a los turistas sorprendidos que les tomaban fotos como si fueran animales en peligro de extinción. Quizás lo somos. Pero no ahora, no en este lugar.

 

Caminé. Unos pasos nada más, indecisa, bajando la velocidad. Caminé, hacia el lado contrario, un señor me observaba. Paré. Algunas personas de las que bailaban voltearon hacia mí. Les sonreí, ellos no. Caminé de nuevo hacia la primera dirección, quería salir de su campo visual.

Las orillas del terreno eran las únicas áreas que están todavía libres de cuerpos, y por lo tanto, ésta noche, de fuego. Observé el lugar, definitivamente no había una línea recta hacia ningún lado, «Qué cabrón. Hasta muerto tienes que ser complicado».

 

Siempre le gustaron estas fechas, hace un año exactamente me dijo “cada noche que una a octubre y a noviembre, mirando al cielo con chocolate caliente y pan de muerto voy a recordarte”, en ese momento no me pareció ridículo pero ahora lo veo, en realidad quiso decir que jamás volvería a acordarse de mí.

Aquella noche nos sentamos en una lápida abandonada, no tenía ninguna luz, salvo la de nuestro celular, la que prendimos porque se me cayó un arete, así fue como pudimos leer lo que decía “What are you doing after the orgy?” y en medio de ese momento silente, causado por lo surrealista de esa inscripción yo le dije: “El semen como la muerte. Se sabe que vendrá y aunque se espere siempre sorprende el momento en el que llega”, se murió de risa. Y ojalá, en realidad, se hubiera muerto de eso, pero no. Aunque se lo merecía en cierta manera. No morir, nadie merece morir, pero sí morir pronto, antes de que acabe el ciclo natural de vida, ese del que hablan los biólogos.

No lloré. Nada. Tampoco fui a su funeral ni vine a enterrarlo. No quería que su familia pensara que estaba loca por reírme al verlo acostado, sin respirar, además no deseaba tener un recuerdo como ese. Inútil, pues no faltó quien subió a sus redes sociales una foto y/o vídeo del entierro y tampoco faltó quien lo compartió añadiéndole pensamientos sacados de los cantantes de pop actuales. Idiotas. ¿Por qué quedrían tener un recuerdo como ese y compartirlo en internet? Todos los funerales son iguales.

 

La luz entraba por todos los resquicios posibles. Un tono naranja unificó los rasgos distitivos de las personas, todos se parecían, todos parecían lo mismo, una llama que baila.

Paré, a lo que a mí parecer, era la mitad del terreno. Traté de buscar con la mirada lo que pareciera ser el centro. Vi una imagen deformada que reflejaba flamas y flores, estaba limitada por un círculo. Tenía que ser la cabeza que buscaba, tan complicada como los agujeros negros, sólo podía verse por el efecto que causaba a la luz que pasaba por ahí.

 

Mientras buscaba una tumba con veladoras casi ahogadas por la cera, un lugar no tan peligroso para un incendio, pensé en el error de mi indumentaria para esa noche. La ropa suelta es más difícil de controlar, no podría retenerla pegada a mi cuerpo. Apreté mi chamarra cual camisa de fuerza y entré. Tal vez sí necesitaba una, pero no aquí, no ahora. Un paso, dos, tres, cuatro, Alto. Parece que eso miden las personas, cuatro pasos. Avancé uno, un bebé. Veía muchos cráneos pero todos de vivos, «Ojalá los celulares ya encontraran a los muertos».

 

Demasiada gente, demasiada gente muerta, los pocos caminos saturados, el humo, el fuego, la tierrra, las seudo fogatas hechas por niños, cempasúchil por todos lados. El espacio abierto se sintió cerrado una vez que entré. Ahora ya no podía regresar, el retorno sería absurdo pues, según yo, el extraño círculo ya estaba cerca. La voz aguda, amplificada del cantante me irritó, “Cielo azul cielo nublado cielo de mis pensamientos, quisiera estar a tu lado para vivir más contento, para vivir más contentos…” para vivir. Caminé alzando las rodillas, como caballo entrenado para ganar una competencia de equitación, un paso en falso, un desequilibrio y mi ropa, mi cabello, yo, nos quemaríamos. Lo mejor es dejarse guiar por los instintos de supervivencia. Caminar por un panteón lleno de velas encendidas no es para calcular los movimientos, el fuego tampoco lo hace. Es impredecible como la muerte, como la dirección del semen.

La extraña imagen, a cada cúmulo de tierra esquivada se convertía en una forma conocida, un cráneo de barro negro.

Llegué. Una tumba llena de flores que no olían a prodrido, se veían frescas pero también estaban muertas como él. Había veladoras en los mismos vasos que sirven el mezcal que tanto tomamos, pan de muerto, chocolate, la noche y en su inscripción esperándome un

“What are you doing after the death?”.

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Author: Selene de Cristal

No entiendo los captchas.

1 thought on “Combustión”

  1. Sin que me quede nada por dentro puedo decirte honestamente que ME ENCANTA cómo escribes. Todo bien dicho, nada de más, nada de menos, toda una professional y además el toque poético, atmosférico, similes geniales, humor… “impredecible como la dirección del semen” (o como la frase misma, que me sorprendió)

    Sigue escribiendo… Ojalá algún día pueda ver un libro tuyo.

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