Your presence in Apollinaire

Maintenant tu marches dans Paris tout seul parmi la foule
L’angoisse de l’amour te serre le gosier
les étincelles de ton rire dorent le fond de ta vie
L’amour dont je souffre est une maladie honteuse
Et tu observes au lieu d’écrire ton conte en prose

Et tu bois cet alcool brûlant come ta vie,
ta vie que bois comme une eau-de-vie

Vienne la nuit sonne l’heure
Les jours s’en vont, je demeure

Pour mes pensèes de tous pays de tous les temps
et de la musique
de la musique

je vous aime
comme l’insecte nocturne
aime la lumiére

Il y eut des questions si extravagantes
et des réponses tellement pleines
d’ápropos
Que c’était á mourir de rire

On se disait
au revoir
Á demain
Á bientôt

Que lentement passent les heures
comme passe un enterrement

je ne saurai plus oú me mettre
tu seras loin, je pleurerai.

Extractos de Alcoholes, Apollinaire.

Duro contra el muro

Tijuana-San Diego
Ciudad Juárez-El Paso.

El cartel de Sinaloa diversificó su oferta de drogas con heroína y cristal de metanfetamina
y para variar, se hizo con el control del transporte hasta el vecino del norte.

15000 hombres
armados
a lo largo del país defienden
sus intereses
y controlan
la frontera
para                                                sus intereses.

El cártel dispone de sus propios terrenos para plantar
marihuana y amapola en la sierra de Sinaloa
pero
“Buenas noches, señores, ¿cómo andan?”
– Aquí, trabajando.
– Ah, bueno. Pues nada, continúen”.
Y los periodistas preguntan, “¿qué ha pasado?”
Y ellos responden, “señor periodista, aquí todo el mundo está comprado,
aquí todo el mundo trabajamos para los mismos,
aquí nadie se quiere morir
aún”.

y qué vamos a hacer
si su jefe y el gobernador del estado
a veces
son lo mismo.

pero sus chefs
esos sí son aparte
-de droga-
son unos verdaderos héroes que convierten la goma de opio en una heroína que vuela con una capa por todo América
con altas probabilidades de regresar el tiempo o adelantarlo
o lo que sea que todavía los humanos no han logrado.

pero el señor T
el innombrable T
quiere parar el crimen y drogas que vienen del sur

y supongo que también parar las 2000 armas ilegales que cruzan todos los días hacia México
qué considerado.

a lo mejor los que queremos ese mentado muro somos los mexicanos.

Título profesional

Ahora que vengo de cuasi egresada a la universidad
a tramitar el papel de cuero
y una tal cédula profesional
me paseo por los jardines donde alguna vez soñé la cancelación de algunas clases

Sigo creciendo con él
el pobre se calienta con el sol
como yo
y hacen el vano intento por regarle
para variar con aguas residuales

así me gusta para revolcarme.

se me ocurre entrar a la biblioteca
a ver libros que nada que ver con mi disque carrera
ni con la vida que llevo
ni siquiera con el pensamiento.

ya no hay ni conocidos

los de primero se identifican a la primera
los de segundo a las segunda.

el vigilante nota una presencia ajena
y dice
¿Estudias aquí?
y yo le digo: soy egresada
¿Y tú credencial?
La perdí
hm, ¿Y cuándo sacas otra?

Pues ya nunca.

y me sonríe.
aprieta los labios.

Bueno, ándale pues.

Llegué a conocer al poeta

Llegué a conocer al poeta,
exactamente en la noche de un martes.
En el bar reinaba la incertidumbre
Afuera, en la calle, el frío de su puta madre.

El hielo seco llenaba las botellas
y los agujeros humanos
El poeta me miraba fijamente
en silencio ¡Como un gran anfitrión!

Leyó, bajo sus lentes de sol
colores contaminantes
y música subliminal.

Es mejor ser cuidadosa
y no mirar nunca sus ojos
bajo su sombrero tan extraño
que jamás se pueden confundir.

No olvidaré ese encuentro
Aquella turística noche de martes
a las orillas del centro histórico
en medio de conflictos sociales.

(Libre adaptación de “Llegué a visitar al poeta” de Anna Ajmátova)
A José Eugenio

Combustión

No sabía por dónde comenzar. Me dijeron que «entrando luego luego a la derecha. Hasta el tope y luego a la izquierda. Caminas, y cuando más o menos creas que estás a la mitad te paras y desde ahí verás un cráneo negro. Ahí es.», pero no tomaron en cuenta que ya existen dos entradas y yo tampoco pregunté, supuse sería fácil.

«Entrando luego luego a la derecha» de la puerta más antigua, había un montículo de flores secas que olían a un podrido húmedo. Junto a ello, a escasos pasos, el grupo musical que tenía escrito en una lona enorme “La perrona banda Santa María”, misma que no dejaba escuchar nada más que los pensamientos gritados por el propio subconsciente; enseguida una mesa llena de botellas de cerveza y mezcal, algunas aún a la mitad.

 

[Las velas prendidas a esa hora deben de invocar algo.]

 

Un grupo de gente bailaba en un pequeño espacio pavimentado, no se veían, no sonreían, sus rostros no tenían expresión. Sólo bailaban. Indiferentes a los turistas sorprendidos que les tomaban fotos como si fueran animales en peligro de extinción. Quizás lo somos. Pero no ahora, no en este lugar.

 

Caminé. Unos pasos nada más, indecisa, bajando la velocidad. Caminé, hacia el lado contrario, un señor me observaba. Paré. Algunas personas de las que bailaban voltearon hacia mí. Les sonreí, ellos no. Caminé de nuevo hacia la primera dirección, quería salir de su campo visual.

Las orillas del terreno eran las únicas áreas que están todavía libres de cuerpos, y por lo tanto, ésta noche, de fuego. Observé el lugar, definitivamente no había una línea recta hacia ningún lado, «Qué cabrón. Hasta muerto tienes que ser complicado».

 

Siempre le gustaron estas fechas, hace un año exactamente me dijo “cada noche que una a octubre y a noviembre, mirando al cielo con chocolate caliente y pan de muerto voy a recordarte”, en ese momento no me pareció ridículo pero ahora lo veo, en realidad quiso decir que jamás volvería a acordarse de mí.

Aquella noche nos sentamos en una lápida abandonada, no tenía ninguna luz, salvo la de nuestro celular, la que prendimos porque se me cayó un arete, así fue como pudimos leer lo que decía “What are you doing after the orgy?” y en medio de ese momento silente, causado por lo surrealista de esa inscripción yo le dije: “El semen como la muerte. Se sabe que vendrá y aunque se espere siempre sorprende el momento en el que llega”, se murió de risa. Y ojalá, en realidad, se hubiera muerto de eso, pero no. Aunque se lo merecía en cierta manera. No morir, nadie merece morir, pero sí morir pronto, antes de que acabe el ciclo natural de vida, ese del que hablan los biólogos.

No lloré. Nada. Tampoco fui a su funeral ni vine a enterrarlo. No quería que su familia pensara que estaba loca por reírme al verlo acostado, sin respirar, además no deseaba tener un recuerdo como ese. Inútil, pues no faltó quien subió a sus redes sociales una foto y/o vídeo del entierro y tampoco faltó quien lo compartió añadiéndole pensamientos sacados de los cantantes de pop actuales. Idiotas. ¿Por qué quedrían tener un recuerdo como ese y compartirlo en internet? Todos los funerales son iguales.

 

La luz entraba por todos los resquicios posibles. Un tono naranja unificó los rasgos distitivos de las personas, todos se parecían, todos parecían lo mismo, una llama que baila.

Paré, a lo que a mí parecer, era la mitad del terreno. Traté de buscar con la mirada lo que pareciera ser el centro. Vi una imagen deformada que reflejaba flamas y flores, estaba limitada por un círculo. Tenía que ser la cabeza que buscaba, tan complicada como los agujeros negros, sólo podía verse por el efecto que causaba a la luz que pasaba por ahí.

 

Mientras buscaba una tumba con veladoras casi ahogadas por la cera, un lugar no tan peligroso para un incendio, pensé en el error de mi indumentaria para esa noche. La ropa suelta es más difícil de controlar, no podría retenerla pegada a mi cuerpo. Apreté mi chamarra cual camisa de fuerza y entré. Tal vez sí necesitaba una, pero no aquí, no ahora. Un paso, dos, tres, cuatro, Alto. Parece que eso miden las personas, cuatro pasos. Avancé uno, un bebé. Veía muchos cráneos pero todos de vivos, «Ojalá los celulares ya encontraran a los muertos».

 

Demasiada gente, demasiada gente muerta, los pocos caminos saturados, el humo, el fuego, la tierrra, las seudo fogatas hechas por niños, cempasúchil por todos lados. El espacio abierto se sintió cerrado una vez que entré. Ahora ya no podía regresar, el retorno sería absurdo pues, según yo, el extraño círculo ya estaba cerca. La voz aguda, amplificada del cantante me irritó, “Cielo azul cielo nublado cielo de mis pensamientos, quisiera estar a tu lado para vivir más contento, para vivir más contentos…” para vivir. Caminé alzando las rodillas, como caballo entrenado para ganar una competencia de equitación, un paso en falso, un desequilibrio y mi ropa, mi cabello, yo, nos quemaríamos. Lo mejor es dejarse guiar por los instintos de supervivencia. Caminar por un panteón lleno de velas encendidas no es para calcular los movimientos, el fuego tampoco lo hace. Es impredecible como la muerte, como la dirección del semen.

La extraña imagen, a cada cúmulo de tierra esquivada se convertía en una forma conocida, un cráneo de barro negro.

Llegué. Una tumba llena de flores que no olían a prodrido, se veían frescas pero también estaban muertas como él. Había veladoras en los mismos vasos que sirven el mezcal que tanto tomamos, pan de muerto, chocolate, la noche y en su inscripción esperándome un

“What are you doing after the death?”.

1 de noviembre

Estoy,
tratando de encontrarle sentido a esto
el sentimiento que a fuerza quiero hacer menguo.

Se erige mientras veo a las personas correr de la lluvia,
que por desgracia no los matará.

Hay cierto placer
Un placer culpable que emerge cuando no estás.
De poder caminar sin encontrarte.

Sola.
Como cuando nos miramos por primera vez
y, en el otro,
oteábamos quien sabe qué cosa,
elevando
o hundiéndonos
entre la población de individuos que nada tienen de singular.

Huimos,
como ahora,
de la sitia de las parejas.

En las agenda tres palabras: El próximo mes.
Te espero,
con los brazos
y piernas abiertas.

Le dije.

Yo también te extraño.

Un placer culpable cuando no estás,
cuando migras para no regresar,

De poder recordarte
y extrañarte
Pero sin encontrarte.

El próximo mes.

Te espero con los brazos y piernas abiertas
le dije.

Todo abierto para que el deseo me asesine,
Me mate cuando estemos listos.

Cuando hayamos pensando en cómo deshacernos del objeto
del deseo.

En la agenda tres palabras
El próximo mes

Noviembre.

El del pan
El chocolate
y los muertos
Como él.